Nuestros lectores sabrán apreciar el arrojo de una mujer que, dejando atrás las comodidades, se lanzaba a los escarpados caminos sin temer a la furia de los elementos. Ya fuese en carreta o a caballo, el llamado de auxilio de un hogar afligido era orden suprema para doña Juana, quien convertía la tempestad en un manso y cálido refugio de vida al cruzar el umbral de las viviendas.
Según noticias dignas de crédito, el progreso cultural de nuestra amada tierra halla su génesis en valientes iniciativas como la que hoy nos convoca. Atrévase a indagar en la admirable metamorfosis de un recinto que transitó del arrendamiento ocasional a convertirse en la indiscutida joya arquitectónica del próspero departamento oriental.