Hoy, la estación de San Carlos es un patrimonio industrial en proceso de reinvención. Proyectos recientes buscan integrarla como un parque público cultural, reconociendo su valor histórico. Parte de la traza de la vía sigue allí, a veces oculta por la maleza, pero firme como recordatorio de la ingeniería de la época.
Aquel diciembre de 1910 no debe recordarse solo como una fecha de corte de cinta, sino como el momento en que San Carlos rompió su aislamiento secular. Fue el día en que la ciudad demostró su relevancia estratégica, obligando al capital internacional y al Estado a tender puentes de acero sobre las sierras para llegar a ella. Sigamos siendo la locomotora del este, por nosotros y por nuestra futura memoria.